Porque es necesario



«Porque es necesario, porque es necesario». Así remarcaba Zapatero las razones que le han llevado a plegarse a la lógica financiera, modificando la Constitución -con el beneplácito entusiasmado del PP- a través de un texto auxiliar que tiñe Europa de conservadurismo y pone en grave peligro el sostenimiento del Estado Social. Zapatero subraya con tristeza su decisión, sabiendo que la apoya sin gusto ni convencimiento,... porque es necesario. No nos da más justificaciones, tampoco hace falta; todos lo hemos entendido.

En las palabras de Zapatero se lee la imposibilidad -por lo menos mientras arrecie la crisis- de un proyecto político de izquierdas que ponga freno a la inestabilidad económica. Con la imposición de un techo de déficit, Europa deja claro que la única forma de hacer política económica en la Unión es a través de un programa conservador; es tal la gravedad de esta imposición que Europa obliga a gobiernos socialdemócratas a hacer genuflexiones ante el credo neoliberal. La Unión económica se ha convertido en una religión que deja fuera de su fe a los paganos progresistas, a los que impone convertirse o quedar fuera de la Cristiandad monetaria. El techo de déficit es su primer mandamiento; no sería extraño que Merkel, cual Moisés, nos viniera con más tablas de ley económica con las que salvar a Europa de la ruina. Será casi imposible para los progresistas hacer una política económica de izquierdas si los axiomas le vienen dictados desde Europa. Más aún, ¿cómo mantener la defensa del Estado Social con leyes internacionales que lo obstaculizan? Europa invita con disimulo a que los escasos gobiernos socialdemócratas que aún quedan en Europa se retiren al ostracismo de la oposición. La imposición de un techo de déficit no es solo una medida práctica, un reajuste necesario en tiempos de necesidad; supone también una ideologización de la política europea, un intento de extender el conservadurismo dentro de la Unión. El órdago se viste de necesidad, de realpolitik.

Bajo este panorama, ¿es posible hacer una política de izquierdas? ¿En qué consistiría tal hazaña? La respuesta no es fácil ni futurible, pero sí podemos asegurar que una política progresista en el contexto de un mercado globalizado debe velar para que las relaciones económicas estén dentro de los límites de la justicia social. La política debe adquirir de nuevo el protagonismo, estableciendo controles y condiciones internacionales al libre mercado. El lenguaje debe cambiar; no es la política la que genera incertidumbre dentro de los mercados financieros, sino la indeterminación azarosa de éstos la que mantiene a las políticas sociales a expensas de sus augurios. La política europea debe tomar la rienda de los mercados, poner coto a su libre albedrío en virtud de criterios de sostenibilidad ética. Esta es la tarea irrenunciable que debe asumir la izquierda europea, pese a que tenga las circunstancias en su contra. Con el mismo encono que la Unión exige poner freno al déficit, debe asumir también como objetivos primordiales mitigar la concentración de la riqueza y la voraz especulación financiera, a fin de crear una Europa más igualitaria. Dejar en manos de los mercados la consecución de derechos básicos -estrategia afín a las políticas conservadoras- es tirar carne a una jaula de leones; el resultado es predecible.

Ramón Besonías Román

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