Escuchar, hacer, explicar



El jueves 7 de julio Rubalcaba ha movido pieza en este tortuoso tablero que lleva a las Primarias. El PP empezó a jugar hace tiempo, bajo dos estrategias esperables: su persistente lógica del desgaste y una filosofía de la austeridad, la transparencia y la eficacia, trinidad que no es sino una versión placebo de la primera estrategia. El PP pretende erigirse en el antónimo de los defectos atribuidos a su oponente: derroche, opacidad e ineficacia; desea a toda costa ganarse el pase a la Moncloa a base no de un programa propio, sino de la promesa inconsistente de que con los errores de Zapatero él redimirá a España del valle de lágrimas en el que lo ha convertido. La campaña del PP es la estrategia de la hiena que esquilma el cadáver moribundo; no se gana el derecho a la presa, espera pacientemente a poder devorarla. El PP es un carroñero, no el depredador que intenta aparentar ser. La prueba la tienen en el hecho de que todas las propuestas que hasta ahora han puesto sobre la mesa son enmiendas que intentan erosionar el programa del PSOE, y no líneas de un proyecto independiente, ajeno a las contingencias del ejecutivo.

Todos estábamos deseando, más pronto que tarde, que Rubalcaba hablara como potencial presidente y no como partenaire de Zapatero. Su voluntad por estirar lo más posible su alternancia entre ministro y candidato no ha hecho sino acercarle cada vez más hacia el pasado y que el electorado no perciba su candidatura con la autoridad y la independencia programática que piden las circunstancias. La estrategia del PSOE debe por un lado generar la confianza en que la crisis menguará bajo su gobierno, pero a su vez convencer de que sus medidas no serán más de lo mismo. Desmarcarse de la herencia de Zapatero va a ser complicado. Es evidente que el electorado de las autonómicas fustigó duramente la gestión socialista contra la crisis, situando la figura de Zapatero como chivo expiatorio del castigo. Rubalcaba debe parecer nuevo, renovador, creativo, ofrecer una imagen cercana, pero humilde, dispuesta a escuchar con sinceridad al mismo electorado que le negó su voto. Este gesto de contrición debe ir acompañado de un lavado rápido de cara, una campaña flash de reciclado mediático que borre cualquier signo de continuidad y que convierta la experiencia en un grado y no en un síntoma de esclerosis ideológica.

Esto es lo que se dibuja en la presentación estelar de Rubalcaba (a secas) como candidato a la presidencia del gobierno a través de su nueva web oficial. La fotografía que preside la página muestra a un Rubalcaba sonriente, cercano, huyendo en lo posible de la autocomplacencia, sin mitigar sus arrugas y canas, en un blanco y negro que consigue una mayor calidez. El eslogan: "escuchar, hacer, explicar". Claro, directo y de una modestia calculada. El castigo del 22M exige entrar en el ruedo preelectoral con los humos bajos, con humildad. De ahí que estos tres verbos subrayen las deficiencias que la ciudadanía ha reprochado hasta ahora al ejecutivo de Zapatero: falta de escucha de las necesidades reales de la gente, ineficacia en su gestión económica y una deficiente comunicación pública de las decisiones tomadas durante la crisis. Esta declaración de intenciones es un propósito de enmienda, una voluntad de autocrítica. Esta estrategia de presentación es cauta, aséptica, comedida en los gestos; evita cualquier amago que la emparente con la gestión de Zapatero, aunque tampoco establece una ruptura con ella. Posee más el carácter de un gesto de empatía que de un adelanto de programa electoral. Habrá que ver hacia dónde nos conduce este fino hilo.

Ramón Besonías Román

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